Exposición “A destiempo”, en Zaragoza

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©Rafael Navarro.

Del 23 de febrero al 1 de mayo de 2011, el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Plaza de Basilio Paraíso, 4. Zaragoza) acoge la exposición “A destiempo”, de Rafael Navarro, un trabajo en el que por primera vez el autor se adentra en el uso del color para trasladarnos sus experiencias y sensaciones, para hablarnos a través de las imágenes de su propio mundo. Con esta serie Navarro empieza a trabajar, además del color, con la fotografía digital, algo que para muchos puede parecer banal, pero que no lo es para un hombre que ha construido todo un mundo de imágenes en blanco y negro a la luz de la oscura claridad de los grises y en el silencio de ese mundo interior que tenían los fotógrafos antes de que la tecnología diera otra vuelta más a esa supuesta facilidad de construir imágenes. Si ya el nacimiento de la fotografía significó poner al alcance de todos la capacidad de crear, de atrapar esas imágenes que antes solamente a través de la pintura o el dibujo (algo que sólo unos pocos podían permitirse) eran posibles, las nuevas tecnologías digitales (el teléfono como cámara de fotos, el ordenador como laboratorio, el retoque en pantalla….) hacen viable cualquier fantasía que hayamos tenido. Y también que la idea de fotografía, y su propia esencia, estén en permanente revisión.

Este conjunto de piezas plantea por primera vez una revisión global de gran parte de sus temas y obsesiones, si bien esta recapitulación se hace con la intención de ahondar en un tratamiento formal que se desarrolla a partir del color y de una mirada más distante y fría que en trabajos anteriores. En su primer enfrentamiento con el color, Navarro ha recurrido a esos recursos largamente aprendidos y extensamente desarrollados: la fragmentación, la abstracción, el movimiento de la imagen, el uso de las luces como cuchillos que cortan y hacen sangrar a la imagen, el diálogo entre miradas, como un contraluz de situaciones, de historias, de realidades comparadas y contrapuestas. Reaparecen algunas de sus abstracciones, los primeros planos que consolidan al objeto, al cuerpo como único protagonista del cuadro; fragmentos que nos adentran en la superficie de la materia; incluso encontramos referencias a su serie Dípticos, un punto de inflexión en su trabajo.

Una puesta al día, una reconsideración de toda su trayectoria. Un punto y seguido en el que sin embargo hay algo nuevo que nunca antes había aparecido de una forma tan consolidada, tan sistemática. La narración sigue más allá de la imagen central, convive en planos superpuestos. Por primera vez la narración sustituye la presencia, y la existencia de dos planos nos sugiere una historia más allá de lo que vemos, una continuación fuera de la propia imagen.

Una oportunidad para ampliar nuestro conocimiento del trabajo de uno de los fotógrafos esenciales en la historia de la fotografía española contemporánea.

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