La condesa de Castiglione, la precursora del selfie


El mundo ha cambiado mucho desde que apareció la fotografía en 1839. En esta ocasión vamos a conocer la figura de la condesa de Castiglione, Virginia Oldoini (1837-1899). Una mujer que ejerció de espía y que ayudó a la unidad de Italia. Como ocurre siempre trataron de rebajar su papel en la historia. Y ha pasado a la historia también por ser la precursora del selfie y por saber ver antes que nadie la importancia de la imagen fotográfica.

La vida de Virginia Elisabetta Luisa Carlotta Antonietta Teresa Maria Oldoni, Virginia Oldoini, es una novela. De hecho podemos encontrar varias biografías sobre su vida, una película y una serie. Yo no conocía su existencia pero llevaba años con una de sus fotografías en uno de los libros más voluminosos de mi biblioteca, ‘Nueva historia de la fotografía’ de Michel Frizot.

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Una de las famosas fotografías de Pierre-Louis Pierson

Una mujer elegante nos mira a través de un espejo mientras un niño la observa. Toda una escenificación que parece más cercana al surrealismo que a una dama del siglo XIX. Es tremendo leer las crónicas de una mujer que ayudó a formar un país como Italia.

La vida de la condesa de Castiglione

Ejerció de espía para la corte del rey Víctor Manuel II. Su primo, el conde de Cavour, primer ministro de Cerdeña, la envió, junto con su marido, a la corte francesa de Napoleón III. El objetivo era acercarse al emperador y convencerle de la necesidad de unir territorialmente a la península itálica. Para ello tendría que enfrentarse al gobierno austriaco para echarlos del norte.

La condesa de Castiglione debía de ser consciente de que en una sociedad machista solo la iban a dejar destacar por su belleza. Su madre la exhibía de pequeña en los teatros para buscar las alabanzas. Su educación fue más allá del típico de la alta nobleza de la época. Aprendió idiomas para poder desenvolverse por las distintas cortes.

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Uno de los retratos conservados en el MET de Nueva York

Dicen que la eligieron por su belleza pero dudo mucho que el destino de una nación dependiera de las locuras de amor de un emperador, como si fuera una historia mitológica.

Dicen que la eligieron por su belleza pero dudo mucho que el destino de una nación dependiera de las locuras de amor de un emperador, como si fuera una historia mitológica. La fuerza de la belleza y el amor queda muy bien en la novelas pero dudo de ellas en la realidad. Sobre todo si sirve para banalizar el trabajo de una persona.

La condesa de Castiglione y la fotografía

No es el momento ni el lugar para entrar en las tribulaciones políticas del siglo XIX. Así que vamos a ir al grano, a la importancia de la condesa de Castiglione en la historia de la fotografía.

Para entrar en la alta sociedad francesa y llamar la atención del último emperador de los franceses, empezó a fotografiarse una y otra vez remarcando su excentricidad y su forma de pensar. En aquellos tiempos fue capaz de enseñar sus piernas, sus hombros y sus pies sin ningún pudor.

Ella no conocía la técnica fotográfica, aquellas enormes cajas de madera con objetivos de latón y lentes de menisco. Así que iba una y otra vez al estudio de uno de los grandes fotógrafos de aquella época en París: Pierre-Louis Pierson.

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Una imagen de la condesa pintada por el estudio de Pierre-Louis Pierson

Este fotógrafo tenía su estudio en el Boulevard des Capucines, cerca del de Nadar. Se hizo famoso por retocar las fotografías con óleos (el primitivo Photoshop) para mejorar el aspecto de los retratos y fue fotógrafo real. Se convirtió en el fotógrafo de la condesa de Castiglione en 1856 y juntos hicieron más de 400 disparos.

Como si fuera una primitiva Madonna, una antepasada de lady Gaga, una precursora de Andy Warhol, la condesa de Castiglione entendió que su imagen era importante dentro de la sociedad. En aquellos primeros tiempos la fotografía permitía pasar a la posteridad a todos los que se pudieran pagar un retrato. Ya no había que pagar a un pintor y posar durante cientos de horas. Y podías hacerte todos los que quisieras.

Así que antes o después de las fiestas de la nobleza se acercaba al estudio con sus disfraces y su trajes a la moda para quedar inmortalizada para su deleite y para escándalo de un mundo que estaba a punto de desaparecer. Ella elegía la temática de la escena, la pose, la mirada… todo salvo disparar y revelar la fotografía.

Como dicen en la exposición que organizaron en el museo d´Orsay de París:

El procedimiento artístico de la Castiglione, en sus intenciones y sus resultados, anticipa el trabajo de los artistas fotógrafos de hoy día, siendo una de los más destacadas Cindy Sherman. Su predilección por fotografías totalmente pintadas, según sus instrucciones detalladas, es el origen de un género en vías de rehabilitación. En efecto, el arte contemporáneo, mezcla en el seno de una misma obra, técnicas y productos híbridos que aparentemente deberían excluirse. Citemos, por ejemplo, al alemán Gerhard Richter que pinta fotografías o al norteamericano Joël-Peter Witkin.

Cuentan muchos historias acerca de su belleza legendaria. Una de ellas parece más cercana a las ‘Metamorfosis’ de Ovidio que a la realidad. Un noble se atrevió a decir que su hermosura era pura fachada por el maquillaje excesivo y la puesta en escena. Ella, cuando escuchó la crítica, le mandó una cita y le recibió totalmente desnuda. Desde entonces el noble fue su más ferviente admirador.

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Una de sus fotografías más famosas

Su forma de entender la fotografía y las poses nos llevan hasta Richard Avedon e Irving Penn. Como podemos leer en uno de los mejores blogs de historia de la fotografía, cuando Avedon iba a ser fotografiado por Penn se fijó en una de las fotografías que tenía en su casa, la de la condesa tapándose un ojo, e imitó la expresión para pasar a la posteridad.

Pero su personalidad arrolladora no le ayudó en absoluto a ser respetada por una sociedad mojigata. Y seguro que la atacaron más por su inteligencia que por su belleza. La emperatriz Eugenia de Montijo la reconoció como enemiga y la princesa Metternich, otra de las inteligentes aristócratas de la época, mecenas de Wagner y conocida por su amplia cultura dijo de ella:

si hubiese sido simple y natural, habría conquistado al mundo. Por supuesto, estamos felices de que la condesa no fuera más simple…

A pesar de sus contactos y amistades, y por las fotografías cada vez más atrevidas que circulaban por París, su vida terminó rodeada de tristeza y soledad. Nadie pareció recordar sus servicios al ideal de la patria italiana, y cuentan que se encerró en su casa sin espejos y con telas negras para no ver cómo envejecía.

La historia no la recuerda salvo por sus excentricidades. Pero merece un espacio en la historia de la fotografía porque fue la primera mujer que entendió la fuerza de la imagen y las múltiples posibilidades que ofrece para expresarte, incluso en un mundo no tan lejano en el que las mujeres no podían actuar tal como eran.



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